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Un negocio moderno ya no solo considera sus retornos a la hora de planificarse. Hoy también toma en cuenta el uso intensivo que tendrá sobre los recursos naturales. Sin duda, uno de los más importantes es el agua. Gestionar adecuadamente este insumo ya no es solo una buena práctica medioambiental en las empresas. Es vital para el futuro de los negocios, coinciden los expertos.
“El cambio climático, la mayor presión sobre las cuencas y las crecientes exigencias de inversionistas, mercados y reguladores hacen que la disponibilidad de agua sea un factor clave para la continuidad operativa y la competitividad de las empresas”, explica Hellen López, profesora del Departamento de Ciencias de la Gestión de la PUCP. Por su lado, Pedro Rau, director del Centro de Investigación en Tecnologías del Agua (CITA) de la UTEC, sostiene que una adecuada gestión del agua beneficia a la reputación, el cumplimiento normativo, acceso a mercados y la licencia social. De hecho, destaca López, un estudio de la ONG Aquafondo de 2020 estima que una crisis severa de agua podría poner en riesgo el 52% del valor agregado de Lima Metropolitana (S/35.000 millones) y afectar más de 652.000 empleos bajo un escenario de alto riesgo.
Pero, ¿qué implica hablar de una estrategia hídrica actualmente? En principio, se hace referencia a la reutilización del agua, su uso eficiente y el tra- tamiento de efluentes (corrien- tes de líquidos que salen de un proceso industrial o una planta de tratamiento). No obstante, los especialistas señalan que no debe limitarse a reducir consu- mos o mejorar la eficiencia den- tro de la empresa. “El enfoque ha evolucionado hacia la gestión responsable del agua (Water Stewardship), que reconoce que este es un recurso compartido y que su sostenibilidad depende de la colaboración entre em- presas, Estado, comunidades y otros usuarios de la cuenca. Esto implica que las organiza- ciones no solo gestionan el agua dentro de sus operaciones, sino que contribuyen activamente a proteger sus fuentes, fortalecer la gobernanza de las cuencas y generar beneficios para el terri- torio donde operan”, dice López.
PROGRESO LOCAL
En el Perú, existe una variedad de actividades productivas que han dado pasos sólidos en este terreno. Rau sostiene que se ha avanzado en minería, agroex- portación no tradicional, bebi- das y alimentos.
Por ejemplo, la minera Buenaventura tiene una infraestructura que le permite almacenar alrededor de 108 millones de metros cúbicos de agua, puestos al servicio de los usuarios de las cuencas donde opera. “Medimos con rigor nuestra huella hídrica bajo la norma ISO 14046 y re- portamos estos consumos a la autoridad en cumplimiento de la legislación ambiental vigente.
Esa información es la que nos permite tomar decisiones basadas en datos y promover altos niveles de recirculación, tanto en nuestras operaciones subterráneas como a tajo abierto”, dice Carlos Claux , gerente de relaciones institucionales y sostenibilidad de Buenaventura. La empresa, además, cuenta con soluciones de tratamiento de agua y biorremediación que ha implementado en cada operación. “Nuestra política es clara: toda el agua utilizada es debida- mente tratada al interior de la operación antes de devolverla al medio ambiente, en cantidad y en calidad, en cumplimiento estricto de la normativa vigente”, agrega Claux.
Por su lado, la multilatina de alimentos y productos de consumo masivo, Alicorp, desarrolla diversas iniciativas enfocadas en el uso eficiente y la circularidad del agua. Así, la compañía tiene proyectos de reducción del consumo en los procesos de lavado de las líneas de producción, incorpora tecnologías con mayor eficiencia hídrica, optimiza procesos mediante regeneración de vacíos con vapor, usa de agua de rechazo y de pozo para determinados servicios y rehúsa efluentes industriales tratados.
“En 2025, la compañía redujo en más de 35.000 m³ su consumo de agua a través de proyectos de eficiencia y reaprovechamiento. Además, desde 2022, ha logrado una reducción acumulada de más de 82.000 m³. El proyecto de reúso de efluentes permitirá recuperar aproximadamente 3.600 m³ de agua por mes, lo que equivale a 43.200 m³ por año. Asimismo, se proyecta disminuir la descarga de efluentes en alrededor de 3.000 m³ por mes”, dice Ian Nightingale, gerente corporativo de Desarrollo Sostenible en Alicorp.
La multinacional Nestlé también ya ha implementado tecnologías y optimizado procesos que le permite reducir el consumo de agua por tonelada de producto elaborado. La empresa señala que, a la vez, impulsa iniciativas vinculadas con la protección de las fuentes de agua y la resiliencia de las cuencas hidrográficas frente al cambio climático. “A través de nuestros programas de fomento ganadero, trabajamos junto con los productores para promover prácticas que mejoren la salud de los suelos, incrementar la eficiencia en el uso del agua y contribuir a su disponibilidad en el largo plazo”, comenta Fernanda Rivera, líder de Sostenibilidad de Nestlé Perú.
En el país, sin embargo, más sectores están profundizando su gestión de recursos hídricos. Por ejemplo, Parque Arauco, la cadena de centros comerciales cuenta con un programa continuo de renovación e instalación de fluxómetros de alta eficiencia para inodoros en los servicios higiénicos de nuestras áreas comunes, lo que optimiza los volúmenes de descarga, dice Américo Vergara, gerente de operaciones de Parque Arauco División Perú.
El vocero de la cadena de malls asegura que ello se complementa con la instalación de griferías ecoeficientes y atomizadores en las cañerías de centros comerciales. Así reducen drásticamente el caudal de salida de agua sin afectar la experiencia del usuario, afirma el vocero de Parque Arauco, que también opera plantas de tratamiento de aguas residuales y grises. “En conjunto, estas plantas permiten ahorrar hasta 150 m³ de agua potable al día”, afirma Vergara.
Otro rubro donde se muestran avances novedosos es la La Universidad Científica del Sur. En su sede principal, posee plantas de tratamiento de efluentes para tratar todas sus aguas después del uso. Con el agua ya tratada se riegan las áreas verdes y se abastecen parte de las instalaciones sanitarias. A la par, la universidad peruana cuenta con plantas de potabilización que recogen agua de los afluentes que alimentan el sistema de pantanos.
“Cada año, la universidad recolecta aproximadamente 7.000 millones de litros, de los cuales solo utilizan 26 millones en sus operaciones convencionales. El resto se somete a procesos de limpieza y remediación, retornando de manera sostenible alrededor de 6.800 millones de litros de agua limpia a los Pantanos de Villa”, menciona Susan Medina Canzio, jefa de la Oficina de Innovación para la Sosenibilidad de la Universidad Científica del Sur.
SIGUIENTES PASOS
Para Rau, de la UTEC, el principal desafío de la gestión del agua en las empresas locales es el cambio climático. Es decir, la reducción de la cantidad del agua en algunas regiones y valles, pero también, en otros casos, el exceso de este recurso. Afirma que ambas situaciones se traducen en pérdidas económicas. “La regulación de contaminantes y efluentes es un tema muy delicado que debe verse con un componente transectorial y transdisciplinario. La falta de tecnología es evidente aún en muchos sectores para hacer más eficiente la gestión del agua, además de la falta de financiamiento. La cultura del agua también puede ser interesante con un cambio de paradigma, en lo que actual- mente algunos lo denominan de manera más compleja como una ciudadanía hídrica”, recomienda el investigador para afrontar estas dos situaciones.
De acuerdo con López, también será muy importante apostar por el diálogo con los stakeholders. “El reto será fortalecer las capacidades para dialogar, generar confianza y construir soluciones con otros actores del territorio”, asegura. La catedrática de la PUCP considera que las empresas deben avanzar hacia una mayor rendición de cuentas (accountability), demostrando con evidencia verificable el impacto de sus acciones y no solo reportando iniciativas. En los próximos años, comenta, la diferencia estará entre las empresas que ejecuten proyectos aislados y aquellas que logren movilizar alianzas duraderas para fortalecer la gobernanza de las cuencas y contribuir de manera tangible a la seguridad hídrica del país.
(forbes.pe)



