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El Fenómeno de El Niño vuelve a poner a prueba no solo la capacidad de nuestra infraestructura, sino también la de nuestras empresas para seguir operando en escenarios de alta disrupción. Y es que las potenciales consecuencias económicas son significativas: un estudio de Montaud, Dávalos y Pécastaing (2022) estimó que, durante el Fenómeno de El Niño de 2017, las disrupciones en los caminos generaron una afectación equivalente al 2,4% del PBI.
Ante la probabilidad de 48%, anunciada por el ENFEN, de que El Niño costero alcance una magnitud extraordinaria frente a la costa norte y central del Perú, es natural que las empresas estén preocupadas. Un reciente estudio del Banco Central de Reserva señala que el 62% de los encuestados identifica a los mayores costos y retrasos logísticos como sus principales riesgos. En segundo lugar, aparecen los cambios en la demanda y los daños a las instalaciones, ambos con 42%.
Frente a este escenario, no basta con anticipar los riesgos. También importa la capacidad de responder durante la crisis y recuperar rápidamente la operación. Eso es, en esencia, lo que entendemos por resiliencia en una cadena de suministro: la capacidad de adaptarse frente a una disrupción, reducir sus impactos y volver a operar normalmente en el menor tiempo posible.
El mismo BCRP reporta que el más de 80% de las empresas está tomando medidas de mitigación, entre las que figuran principalmente el uso de rutas logísticas alternativas, elaboración de planes de continuidad operativa y el reforzamiento de instalaciones, con 40%.
Así, resulta alentador que las empresas estén tomando acciones, aunque la mayoría se concentra todavía en la anticipación y el fortalecimiento de la operación. El siguiente paso debería ser mirar con mayor detalle toda la cadena de suministro.
¿Conocemos realmente los riesgos que enfrentan nuestros proveedores?, ¿sabemos quiénes son los principales proveedores de nuestros proveedores? O ¿podemos identificar qué insumos, rutas o servicios podrían convertirse en un cuello de botella ante una emergencia? Estas son algunas de las preguntas clave que necesitamos responder.
También vale preguntarse hasta qué punto las empresas pueden colaborar entre sí. Compartir información sobre rutas alternativas, capacidades logísticas o incluso maquinaria para movimiento de tierras podría ser relevante frente a eventos de gran escala. Un estudio de Wieland y Wallenburg (2013) encontró que competencias relacionales como la comunicación y la cooperación tienen un efecto significativo en la resiliencia de las cadenas de suministro.
Esto nos lleva a una lección fundamental: ninguna empresa es completamente resiliente por sí sola. Su capacidad de respuesta depende también de proveedores, distribuidores, operadores logísticos y otros actores de la cadena que permiten que el comercio suceda.
Prepararse para el Fenómeno del Niño entonces exige algo más que reforzar instalaciones o diseñar rutas alternativas. Implica conocer mejor nuestras dependencias, fortalecer la coordinación y entender que, en cadenas cada vez más interdependientes, la resiliencia no se construye empresa por empresa, sino como sistema.
(forbes.pe)



