![]()
Durante años, la logística se midió en camiones, bodegas, rutas, inventarios y tiempos de entrega. Hoy esa mirada resulta insuficiente. Según Alejandro Aguirre, gerente nacional de ventas en México de Axis Communications, la operación moderna debe saber no solo dónde está una mercancía, sino qué ocurrió en cada etapa de su recorrido. En un mercado marcado por el comercio electrónico, las entregas rápidas y cadenas de suministro más complejas, la seguridad logística pasó de ser un asunto operativo a una pieza de confianza.
El desafío es que la cadena también se volvió más difícil de controlar. Una mercancía puede pasar por bodegas, centros de distribución, vehículos y patios antes de llegar al consumidor, y cada traslado abre una posibilidad de pérdida, daño, manipulación o desviación. Por eso, explica Aguirre, la videovigilancia ya no consiste en instalar cámaras y revisar grabaciones tras un incidente, sino en usar las imágenes para anticiparse a los problemas, entender los procesos y contar con evidencia de lo que realmente sucedió.
Vigilancia que acompaña a la operación
Un cambio clave es que la seguridad ya no depende solo de equipos en un punto fijo. La videovigilancia móvil permite proteger patios temporales, obras, zonas de almacenamiento y estacionamientos de vehículos de carga, o lugares donde instalar infraestructura permanente no es práctico. En logística esto tiene sentido porque las operaciones cambian: un espacio que hoy sirve para almacenar puede usarse mañana para otra actividad. Una solución trasladable, señala, permite acompañar la operación y no obligarla a adaptarse a la infraestructura.
De la cámara al dato
Más relevante que la cámara es lo que se hace con la información que genera. La inteligencia artificial y la analítica de video pueden identificar situaciones que merecen atención, como intrusiones, permanencias inusuales en una zona o ingresos a espacios restringidos. En un centro logístico con múltiples movimientos simultáneos, esto ayuda a concentrar la atención en lo que requiere una respuesta. «La tecnología, bien utilizada, no reemplaza a las personas: les permite actuar con información más oportuna», afirma Aguirre.
Trazabilidad y última milla
Las cámaras en zonas de recepción y despacho también pueden servir como testigo permanente de la mercancía: cuándo llegó un producto, en qué condiciones salió y quién tuvo acceso a determinada zona. Ante una reclamación, reconstruir visualmente un proceso ayuda a establecer responsabilidades y evita discusiones basadas solo en versiones. Para el sector, esa trazabilidad se traduce en menos incertidumbre y mayor capacidad de respuesta a los clientes.
La última milla merece atención especial. El comercio electrónico elevó las expectativas de los consumidores, que esperan recibir sus productos con rapidez y en las condiciones prometidas. Cuando un envío llega incompleto, averiado o no aparece, la empresa debe investigar qué ocurrió. Para el ejecutivo, la visibilidad no termina cuando el camión sale de la bodega: ahí comienza una de las etapas más sensibles de la operación.
Integrar seguridad, información y operación
Aguirre considera que el futuro de la logística segura no depende de sumar cámaras, guardias o controles, sino de integrar seguridad, información y operación. Cámaras fijas, soluciones móviles, analítica, monitoreo remoto y tecnologías que funcionen en lugares con poca infraestructura pueden formar parte de una misma estrategia.
Para el ejecutivo, la pregunta que debería plantearse el sector ya no es si puede invertir en visibilidad, sino «cuánto puede costarle seguir operando a ciegas» cuando una mercancía se pierde, un proceso falla o un cliente pregunta qué ocurrió. Su conclusión: «La seguridad ya no debe mirar únicamente la puerta de entrada: debe acompañar toda la cadena de suministro».



