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Cada vez que el Fenómeno El Niño amenaza las costas peruanas, la atención del mercado se concentra en los daños físicos, las interrupciones logísticas y las pérdidas de producción. Sin embargo, para las empresas que cotizan en bolsa, los efectos pueden ir mucho más allá de la operación diaria. Lo que realmente preocupa a inversionistas, analistas y acreedores es cómo estos eventos impactan el valor de la empresa, sus resultados y su capacidad de generar flujos de efectivo futuros.
En un entorno donde los mercados reaccionan cada vez más rápido frente a los riesgos climáticos, la calidad de la información financiera se convierte en un elemento crítico para preservar la confianza de los inversionistas. Por ello, es crítico que los directorios y comités de auditoría presten especial atención a cuatro riesgos financieros que pueden cobrar relevancia ante la ocurrencia de un evento climático severo.
1. Deterioro de activos y destrucción de valor
Cuando una empresa enfrenta menores niveles de producción, paralizaciones operativas o interrupciones en su cadena de suministro, la capacidad de generar ingresos futuros se reduce y puede constituir un indicio de deterioro conforme la NIC 36. Esta situación puede afectar el valor recuperable de activos estratégicos como plantas industriales, maquinaria, infraestructura logística, embarcaciones, concesiones e incluso ciertas líneas de negocio.
Además, un impacto de pérdida por deterioro en los estados financieros puede reducir los resultados a fin de año, y esta situación podría interpretarse como una señal de que las expectativas han cambiado a la baja. En consecuencia, el impacto puede extenderse más allá de los estados financieros y reflejarse en la valoración bursátil de la compañía.
La pregunta clave para los directorios es si los por motivo del FEN, los activos continúan generando los beneficios económicos que justifican su valor registrado.
2. Presión sobre la liquidez y el endeudamiento
El Niño suele generar una combinación particularmente compleja: restricción de flujo de caja, menores ingresos y mayores costos operativos y de financiamiento.
En ese sentido, las empresas pueden verse obligadas a realizar reparaciones extraordinarias, incrementar gastos operativos, buscar fuentes adicionales de financiamiento o afrontar retrasos en las cobranzas. Todo ello tiene un impacto en la generación de caja y puede deteriorar indicadores financieros relevantes para bancos e inversionistas.
En casos más severos, esta situación podría presionar el cumplimiento de covenants financieros incluidos en contratos de deuda, obligando a renegociaciones con acreedores o generando restricciones adicionales para acceder a financiamiento, lo que puede desencadenar en la clasificación corriente o no corriente de los pasivos y las revelaciones de riesgo de liquidez en los estados financieros.
Para las empresas listadas, preservar la liquidez no solo es una necesidad operativa, sino también una señal de fortaleza financiera frente al mercado.
3. Recuperabilidad de activos tributarios y otras estimaciones críticas
Los períodos de incertidumbre suelen poner a prueba las estimaciones realizadas por la administración.
Por ejemplo, las empresas que mantienen pérdidas tributarias arrastrables, activos por impuesto diferido u otras partidas basadas en proyecciones futuras tendrían que reevaluar si las condiciones económicas continúan respaldando su recuperación.
Si los escenarios de crecimiento y rentabilidad se deterioran significativamente, podrían ser necesarios ajustes que afecten directamente los resultados del ejercicio.
En ese sentido, los inversionistas observan con especial atención estas decisiones porque representan una evaluación de las expectativas del negocio y de la capacidad de la administración para generar valor sostenible.
4. Contingencias, litigios y pasivos ocultos
Los efectos económicos del Fenómeno El Niño no siempre aparecen de manera inmediata.
Las empresas pueden enfrentar penalidades por incumplimientos contractuales, reclamos de clientes, controversias con proveedores, costos ambientales o disputas vinculadas a interrupciones operativas. Muchas de estas situaciones pueden dar lugar al reconocimiento de provisiones o a la revelación de pasivos contingentes que pueden afectar los resultados y las divulgaciones de los estados financieros. Al mismo tiempo, los mercados exigen cada vez más transparencia sobre los riesgos climáticos y la forma en que las empresas los gestionan. Una comunicación insuficiente o revelaciones poco claras pueden generar incertidumbre adicional y afectar la percepción del mercado respecto de la calidad del gobierno corporativo.
Una prueba para el directorio y el comité de auditoría
En el pasado, los riesgos climáticos eran considerados principalmente un problema operativo. Hoy son un asunto financiero y estratégico que puede influir directamente en la valorización de una compañía.
Por ello, los directorios de empresas que participan en el mercado de capitales y que tienen operaciones que puedan ser afectadas por el FEN debieran asegurarse de que la administración incorpore escenarios de estrés para sus proyecciones, revise oportunamente sus estimaciones críticas y las contraste con evidencia externa, comunicando de manera transparente los riesgos relevantes a los inversionistas.
Finalmente, los comités de auditoría tienen la responsabilidad de desafiar las hipótesis críticas utilizadas por la administración, especialmente aquellas vinculadas con pruebas de deterioro, recuperabilidad de impuestos diferidos, valorización de inventarios, provisión de cuentas por cobrar y estimaciones de pérdidas crediticias esperadas, cumplimiento de covenants y refinanciamiento de deuda, entre otros. En ese sentido, deben verificar que las revelaciones efectuadas en los estados financieros permitan a inversionistas, acreedores y demás grupos de interés comprender adecuadamente los riesgos y sus posibles efectos.
En un contexto de creciente volatilidad climática, la diferencia entre preservar o destruir valor puede depender de una sola capacidad: anticipar los riesgos. Porque cuando llega El Niño, el mercado no solo mira las lluvias; también observa sus impactos en los estados financieros.
(lacamara.pe)



