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La actividad minera peruana está experimentando un fuerte dinamismo este año. Solo en enero, las exportaciones de este rubro sumaron US$ 7.216 millones, lo que representó un crecimiento de 58% en comparación con el mismo mes del 2025, informó la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE). En este contexto auspicioso, hay un tema que se vuelve medular para la competitividad de las mineras que operan en el país: la seguridad.
La seguridad de las operaciones mineras no solo evita accidentes, sino también genera una buena relación con los stakeholders de las empresas y previene crisis reputacionales. Ello, además, impacta directamente en el negocio: una minera que tiene altas tasas de accidentes puede dejar de operar. Pero, ¿en qué estado se encuentra la gestión de la seguridad en las mineras peruanas? Las acciones vinculadas a abordar este tema se han sofisticado con el paso de los años, especialmente en la gran minería. Ello se refleja en las cifras del sector. Según el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin), el número de accidentes mortales en operaciones mineras pasó de 58 en el 2008 a 25 en 2025.
Actualmente, los esfuerzos de seguridad de las empresas ya no se concentran en una sola área o gerencia, sino que involucran a diferentes ramas dentro de la organización, como salud ocupacional, operaciones, tecnología, gestión de riesgos y sostenibilidad, entre otras. La prevención y contar con indicadores son acciones clave si se desea tener una estrategia de seguridad efectiva, coinciden los representantes de las mineras consultadas para esta nota.
Por ejemplo, Ricardo Araujo, director de Operaciones de Summa Gold Corporation, explica que su empresa cuenta con un sistema enfocado en seguridad y salud ocupacional que integra estándares y procesos orientados a prevenir accidentes y enfermedades. “Este sistema se complementa con una gestión de riesgos en dos niveles: evaluaciones periódicas en cada proceso e identificación constante de peligros en campo, lo que nos permite anticiparnos y actuar a tiempo. Este enfoque posibilita gestionar los riesgos tanto a nivel estratégico como operativo y constituye la primera línea de defensa contra eventos no deseados”, destaca el ejecutivo.
En el caso de Anglo American, que hoy opera la mina Quellaveco, la gestión de incidentes se basa en metodologías propias que aseguran la identificación de causas raíz, tanto en eventos con impacto como en potenciales riesgos. “Contamos con indicadores reactivos, como la frecuencia de incidentes por horas trabajadas. Sin embargo, priorizamos métricas proactivas vinculadas al liderazgo en campo, la interacción preventiva y las inspecciones de seguridad”, explica María Pía García, vicepresidenta de Seguridad, Salud, Medio Ambiente, Riesgos y Permisos de Anglo American.
Desde Hudbay, destacan que cuentan con indicadores reactivos que son los que normalmente exige la ley, como el IF, IS e IA, pero adicionalmente todos los trabajadores tienen responsa- bilidades que deben ejecutar en aspectos de seguridad. “Estas son medibles a través de indicadores preventivos, que repercuten en el desempeño de cada área funcional”, dice Julio Roncal, gerente de Gestión de Riesgos y Sostenibilidad de Hudbay.
En el caso de Marcobre, que opera Mina Justa, su estrategia tiene varias aristas, como la gestión de riesgos de seguridad y salud ocupacional, la gestión de riesgos de fatalidad y la gestión de riesgos corporativos y el reporte. Andrés Dulanto, gerente ejecutivo de Seguridad y Salud Ocupacional de la minera, señala que la compañía también trabaja constantemente en el reporte, registro e investigación de accidentes e incidentes y enfermedades ocupacionales. En cuanto a indicadores proactivos, Dulanto señala que la empresa cuenta con varias herramientas que los generan. Entre ellas destacan las verificaciones de controles críticos (que miden el índice de hallazgos en estos procesos para anticiparse a cualquier desviación), controles críticos (con los que evalúan el índice de ejecución de barreras en actividades críticas o con riesgos de fatalidad) y el liderazgo visible (que mide la participación directa del equipo gerencial en inspecciones, verificaciones de controles críticos y observaciones planeadas de tarea).
Tener responsabilidades definidas y claras es relevante en la gestión de la seguridad de las operaciones mineras, coinciden los expertos. Justamente, María Pía García, de Anglo American, detalla que, en el caso de Quellaveco, la operación cuenta con responsables definidos y un control continuo de la eficacia, lo que se refuerza con auditorías realizadas por expertos que les permiten identificar posibles brechas.
EFECTOS TANGIBLES Y PLANES
La aplicación de las acciones mencionadas tiene un impacto positivo real en las operaciones mineras. Por ejemplo, Summa Gold Corporation cerró el 2025 sin registrar accidentes fatales en su unidad minera El Toro. Además, la empresa asegura que alcanzó más de 624 días —equivalentes a casi 6 millones de horas hombre trabajadas— sin accidentes incapacitantes. “Asimismo, mantuvimos un alto nivel de cumplimiento regulatorio. Durante ese año no registramos procedimientos sancionadores por parte de Osinergmin, lo que evidencia nuestro compromiso con los estándares del sector”, destaca Ricardo Araujo, director de Operaciones de Summa Gold Corporation.
En el caso de Marcobre, la empresa señala que, en 2025, su IFLR (índice de frecuencia de lesiones registrables) alcanzó un valor de 0,59, lo que, según la empresa, los posiciona como uno de los referentes de seguridad en la industria minera a nivel global. “La clave de nuestra baja siniestralidad reside en el liderazgo visible en seguridad, la disciplina operacional y la gestión del comportamiento”, afirma Dulanto.
Los avances no implican que no haya oportunidades para mejorar en el frente de la seguridad. De hecho, las empresas tienen planeado seguir incorporando tecnología que prevenga accidentes. Pero también desean fomentar culturas organizacionales que aborden el tema e impulsen cambios positivos.
Desde Anglo American, aseguran que tienen un plan estratégico a cinco años que define la visión en seguridad y que se revisa trimestralmente bajo un enfoque de mejora continua. “Evaluamos el impacto de las acciones implementadas y ajustamos los planes según los resultados. También impulsamos iniciativas como el involucramiento de las familias y el aprendizaje a partir de incidentes propios y de otras operaciones de Anglo American. Este enfoque se complementa con el uso de analítica de datos para anticipar riesgos en actividades críticas”, afirma García.
Por su lado, Summa Gold Corporation detalla que seguirá fortaleciendo su enfoque preventivo a través de la incorporación de tecnología y la modernización de sus operaciones. “En los últimos tres años, hemos impulsado una implementación de equipos con una inversión aproximada de US$ 20 millones. Estos activos, como camiones mineros y excavadoras, cuentan con tecnología de última generación, incluyendo sensores y sistemas avanzados que contribuyen a mejorar la seguridad en campo”, menciona Araujo.
Dulanto, de Marcobre, señala que la visión de su empresa es consolidar una cultura de seguridad resiliente. Detalla que la compañía seguirá apostando por el fortalecimiento de los procesos de mejora continua y el aprendizaje sistémico producto de cada evento, así como una integración total de sus contratistas en su cultura de prevención. Todo esto, asegura, será apalancado por un liderazgo visible en materia de seguridad y salud ocupacional.
En el caso de Hudbay, la empresa sostiene que quiere usar la inteligencia artificial (IA) para detectar comportamientos y condiciones inseguras a tiempo y prevenir la ocurrencia de eventos. De acuerdo con Roncal, la minera planea fortalecer el programa de gestión del comportamiento con talleres vivenciales donde exista la mayor participación posible de los trabajadores. Añade que la compañía quiere seguir realizando más auditorías a procesos clave y a sus contratistas a fin de garantizar operaciones seguras.
(forbes.pe)



