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En un entorno donde las empresas en Perú buscan crecer con mayor eficiencia, la integridad laboral gana peso como una variable clave para proteger productividad, reputación y cultura organizacional. Las expectativas empresariales en el país se mantienen en terreno optimista, pero ese crecimiento también eleva la presión sobre las organizaciones para contratar mejor, prevenir riesgos y fortalecer la confianza dentro de sus operaciones.
En el mundo corporativo, crecer no solo implica vender más, expandir operaciones o acelerar contrataciones. También implica reducir errores que terminan costando productividad, clima laboral, reputación y dinero. En ese contexto, la integridad laboral empieza a consolidarse como un tema estratégico para las empresas peruanas, especialmente en sectores donde la confianza, la continuidad operativa y el cumplimiento son críticos.
Según la presentación El valor de la integridad laboral y su impacto en las organizaciones, elaborada por Midot, compañía HR Tech especializada en soluciones de integridad y evaluación de comportamientos en el entorno laboral, los comportamientos contraproducentes pueden representar hasta 10% de los ingresos anuales de una empresa y afectar la productividad hasta en 40%. También advierte que 1 de cada 2 personas altera su CV durante un proceso de reclutamiento, una señal de que el desafío para las organizaciones no está únicamente en atraer talento, sino en evaluarlo con mayor profundidad, rigor y certeza.
“Hoy muchas compañías están enfocadas en crecer, pero crecer bien también implica tomar decisiones de talento con más rigor. La integridad laboral ya no es un tema secundario: impacta directamente en la productividad, la reputación y la sostenibilidad de las organizaciones”, afirma Fernando Calderón, Managing Director para Latinoamérica en Midot.
Las conductas inadecuadas más frecuentes en el entorno laboral incluyen suplantación de identidad, acoso, robo, soborno y malversación de recursos. Además, no se concentran en una sola área: aparecen en operaciones, finanzas, comercial e incluso alta dirección, lo que refuerza la necesidad de ver la integridad como un asunto transversal de negocio y no solo como un filtro de reclutamiento.
“Muchas veces las empresas asocian este tipo de riesgos solo con posiciones operativas, pero la realidad es que pueden afectar distintas áreas y niveles. Por eso, hablar de integridad es hablar de prevención, cultura organizacional y capacidad de proteger el negocio desde adentro”, añade Calderón.
En Perú, este tema cobra relevancia en un momento en que las expectativas empresariales permanecen en tramo optimista y las compañías buscan avanzar con mayor eficiencia en sus procesos y decisiones. En ese escenario, evaluar mejor a candidatos y colaboradores deja de ser una medida reactiva y se convierte en una herramienta para reducir costos ocultos, reforzar la confianza interna y construir organizaciones más sólidas.
“Las organizaciones que ponen la confianza en el centro no solo reducen riesgos. También fortalecen su cultura, mejoran su reputación como empleadores y generan entornos donde las personas pueden desarrollarse con mayor responsabilidad y compromiso”, concluye Calderón.
(infocapitalhumano.com)









