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En una época caracterizada por la acelerada expansión de la infraestructura de telecomunicaciones, la automatización y la adopción de herramientas de inteligencia artificial generativa, el debate sobre el futuro tecnológico del Perú ha comenzado a migrar de lo meramente técnico a lo social. En ese contexto, la directora y fundadora de la organización Democracia Digital, Elaine Ford, planteó durante el reciente ICT Summit Perú 2026, un severo llamado de atención a los tomadores de decisiones de los sectores público y privado: la digitalización del país no debe medirse únicamente por la cobertura de sus redes, sino por la madurez democrática de los usuarios que navegan en ellas.
Para la especialista, la velocidad con la que avanza la tecnología contrasta con la preparación real de la población para asimilarla de manera segura.
«Estamos viviendo sin duda una revolución sin precedentes que está redefiniendo nuestras economías, nuestras instituciones y la forma en que las personas interactúan entre sí. Sin embargo, en medio de este enorme avance tecnológico, creo que hay una pregunta fundamental que debemos hacernos es: ¿estamos construyendo sociedades verdaderamente preparadas para convivir en esta nueva realidad digital?».
Más allá de los cables: La tecnología como plaza pública
El análisis de Democracia Digital apunta a que las aproximaciones tradicionales a la modernización tecnológica suelen cometer el error de enfocarse casi con exclusividad en la compra de equipamiento, el tendido de fibra óptica o la virtualización de trámites estatales. No obstante, en la actualidad, la conectividad se ha convertido en el soporte de la interacción humana y el debate político, lo que obliga a reformular los conceptos básicos de la participación civil.
«La transformación digital no puede medirse únicamente por cuántas personas están conectadas, sino también por la capacidad que tienen esas personas para participar, para comprender, para decidir, para ejercer ciudadanía de manera responsable y segura en el entorno digital. Por eso, hoy más que nunca, debemos entender una idea que es central: no podemos hablar de transformación digital sin ciudadanía digital», apuntó la expositora.
Esta evolución sitúa los derechos y deberes ciudadanos en un plano híbrido (online y offline). Ford recordó que las movilizaciones contemporáneas más significativas ya no se gestan necesariamente en espacios físicos, sino a través de plataformas virtuales, sirviéndose de etiquetas y campañas coordinadas. Sin embargo, este mismo poder de convocatoria digital convive directamente con amenazas sistémicas como las campañas automatizadas, la manipulación de algoritmos y el uso malintencionado de tecnologías como las ultrafalsificaciones (deepfakes).
La urgencia de un pensamiento crítico frente a la IA
El acceso masivo a internet en el territorio peruano ha venido acompañado de una marcada brecha de alfabetización mediática, dejando a grandes sectores de la población vulnerables a la manipulación digital. En un escenario de creciente fragilidad institucional y polarización, Ford enfatizó que ser un ciudadano digital no equivale simplemente a dominar el uso de un teléfono inteligente o un programa informático.
«Ciudadanía digital responsable implica la capacidad de participar responsablemente en entornos digitales, implica comprender nuestros derechos y responsabilidades, proteger nuestros datos, identificar y discernir información falsa, utilizar tecnologías de manera ética y contribuir positivamente al ecosistema digital… no basta con estar conectados. Hoy en día necesitamos ciudadanos digitales responsables, capaces de convivir con la inteligencia artificial y comprender el impacto de los algoritmos», refrendó.
El rol del sector privado y la agenda nacional
Para mitigar estas deficiencias, la especialista asignó una responsabilidad directa al sector empresarial, particularmente a las operadoras de infraestructura y telecomunicaciones. Desde su perspectiva, las corporaciones tecnológicas han dejado de ser meras entidades financieras para convertirse en agentes determinantes del ecosistema democrático del país.
«Las empresas tecnológicas ya no son únicamente actores económicos, son actores fundamentales en el ecosistema democrático contemporáneo, porque no sólo conectan personas, conectan información, participación, oportunidades y conectan ciudadanía», definió.
Con el objetivo de institucionalizar estas capacidades, Democracia Digital —que cuenta con más de 15 años de trayectoria académica y de capacitación en el Perú y la región— plantea la urgencia de incorporar la ciudadanía digital de forma transversal en el sistema educativo escolar y universitario, diseñar marcos éticos para el uso de tecnologías emergentes y descentralizar el conocimiento hacia las zonas rurales, lenguas originarias y adultos mayores a través de los gobiernos subnacionales.
«El futuro digital del Perú no dependerá únicamente de cuánta tecnología implementemos, sino de la capacidad colectiva que tengamos para construir ciudadanía, confianza e inclusión en el entorno digital. Porque finalmente, reitero, no podemos hablar de transformación digital sin ciudadanía digital», concluyó Ford.



