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En los últimos años ha ganado relevancia un marco que propone una mirada distinta sobre el liderazgo y la sostenibilidad: los Objetivos de Desarrollo Interior (ODI). Como complemento a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), este enfoque parte de una premisa sencilla pero profunda: para enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo —desde el cambio climático hasta la desigualdad— no basta con mejorar sistemas, políticas o tecnologías. También necesitamos desarrollar ciertas capacidades humanas que permitan tomar mejores decisiones y liderar transformaciones de largo plazo.
Dentro de este marco, una de las dimensiones fundamentales es el SER. Esta dimensión se refiere a la relación que cada persona tiene consigo misma y a las cualidades internas que influyen directamente en cómo pensamos, tomamos decisiones y actuamos.
La dimensión del SER tiene 5 capacidades: brújula interior, integridad y autenticidad, apertura y mentalidad de aprendizaje, autoconciencia, y presencia. Aunque muchas veces se perciben como rasgos personales, en realidad son comportamientos clave para el liderazgo en el mundo complejo en el que vivimos, porque determinan la sostenibilidad de las decisiones y acciones que impactan a equipos, organizaciones y comunidades.
La autoconciencia es quizás el punto de partida. Implica la capacidad de observar nuestros propios pensamientos, emociones y reacciones con cierta distancia. En la práctica, esto permite reconocer sesgos, identificar patrones de comportamiento y entender cómo nuestras decisiones y acciones afectan a otros. Un líder con autoconciencia no solo analiza datos o resultados, también se pregunta desde qué creencias o motivaciones está actuando. Esa capacidad de reflexión permite tomar decisiones más equilibradas, especialmente en contextos de presión o incertidumbre.
Otra capacidad central es la integridad y autenticidad, entendida como la coherencia entre valores, decisiones y acciones. En un entorno organizacional donde la confianza es un recurso cada vez más escaso, la integridad se convierte en un factor crítico de liderazgo. Los equipos observan con atención si lo que se comunica desde la dirección realmente se refleja en las decisiones cotidianas. Cuando existe coherencia, se fortalece la credibilidad y la cultura organizacional; cuando no, incluso las mejores estrategias pierden legitimidad.
La dimensión del SER también incluye la presencia, una habilidad cada vez más desafiante en entornos marcados por la velocidad y la sobrecarga de información. Estar presente significa tener la capacidad de concentrarse plenamente en lo que está ocurriendo: escuchar con atención, comprender distintas perspectivas y responder con mayor claridad en lugar de reaccionar automáticamente. En el liderazgo, esta capacidad mejora la calidad de las conversaciones, facilita la resolución de conflictos y abre espacio para una colaboración más auténtica.
A estas capacidades se suma la brújula interior, que nos guía en momentos de complejidad. El propósito conecta las decisiones cotidianas con un impacto más amplio y ayuda a sostener el rumbo cuando los cambios requieren tiempo o cuando las presiones del corto plazo amenazan con desplazar las prioridades estratégicas. Los líderes que tienen claridad sobre el para qué de su trabajo suelen inspirar mayor compromiso en sus equipos y toman decisiones más alineadas con el largo plazo.
Como último punto relevante, está la apertura y la mentalidad de aprendizaje, una capacidad que nos invita a reconocer que siempre estamos en proceso de desarrollo. Implica aceptar que no tenemos todas las respuestas y que nuestras perspectivas pueden ser limitadas, entendiendo cada experiencia —incluso los errores— como una oportunidad para aprender. Para quienes lideran organizaciones, esta actitud permite escuchar nuevas ideas, cuestionar supuestos y adaptarse mejor a contextos cambiantes, fortaleciendo decisiones más conscientes e innovadoras.
Aunque estas capacidades se desarrollan a nivel individual, su impacto es profundamente colectivo. Las organizaciones funcionan mejor cuando quienes lideran tienen claridad interior, coherencia en sus decisiones y la capacidad de escuchar y reflexionar antes de actuar. En ese sentido, la dimensión del SER no es un ejercicio de introspección personal aislada, sino la base humana sobre la cual se construyen culturas organizacionales más sólidas y decisiones más responsables.
En un mundo donde las empresas y las instituciones enfrentan desafíos cada vez más complejos, el desarrollo de estas capacidades internas se vuelve una ventaja estratégica. Y es precisamente en el SER donde empieza a construirse un liderazgo capaz de impulsar cambios verdaderamente sostenibles.
(forbes.pe)









