![]()
Por: Talana
Empezar en un equipo nuevo puede parecer una aventura digna de ciencia ficción, aunque lo que termina marcando ese inicio no es el caos, sino quién te acompaña y cómo te hace sentir.
Porque sí, los procesos de onboarding pueden estar bien diseñados, tener pasos claros, incluso una presentación con café. Pero si esa persona no siente confianza, todo lo demás queda en segundo plano.
Entonces ¿Qué es lo que realmente genera confianza en quienes recién llegan? Déjame contarte, porque todavía recuerdo una bienvenida que viví hace unos años y me hizo sentir exactamente así.

¿Por qué importa tanto el primer día?
Muchas personas deciden si se quedan —o no— en una empresa durante sus primeras semanas y no lo digo solo por mi gran intuición.
Lo respalda un análisis de Click Boarding, que muestra que cuando existe un buen plan de acogida para los primeros 90 días, la retención mejora significativamente. Sí, tres meses pueden bastar para que alguien diga “me quedo”
Pero esa decisión no depende solo de si recibió una buena capacitación. Tiene que ver con algo más sutil, con cómo fue tratado cuando aún no sabía desempeñar sus funciones.
Y acá vale hacerse una pregunta incómoda, ¿Le estamos pidiendo que se adapte… o le estamos mostrando que es bienvenido?
Porque cuando alguien nuevo entra a un equipo, observa todo, lo que se dice, lo que no se dice, las caras, los silencios.
Intenta entender códigos, dinámicas, estilos y aunque sepa que tomará tiempo integrarse, hay algo que necesita de inmediato: seguridad, tranquilidad y confianza.
El primer día no es para salvar el mundo
Es comprensible que se tengan urgencias en el equipo, procesos en pausa, entregables que no esperan. Pero cuando alguien nuevo entra al equipo y lo primero que escucha es “esto es lo que dejó la persona anterior” o “necesitamos que te pongas al día rápido”, el mensaje que recibe no es motivador…es abrumador.
Porque más allá de la intención, esa frase lanza a la persona al ruedo sin preparación. Y lo que debería ser una etapa de integración y aprendizaje, se convierte en una carrera contra el reloj que nadie pidió correr.
Incorporarse no es llegar a salvar el día, es tener el espacio para entender el contexto, conocer los procesos, aprender los códigos y ganar seguridad paso a paso.
Presionar desde el día uno solo aumenta la ansiedad, el miedo a equivocarse y la sensación de no estar a la altura.
Entonces ¿Qué cosas sí hacen la diferencia?
Más allá de planillas, checklists o calendarios, vale la pena detenerse en lo más humano, por eso te comparto cinco acciones que, al menos a mí, me han ayudado a construir confianza desde el primer día:
- Haz que se sienta esperado (no solo recibido): Tener su acceso listo, una reunión agendada o simplemente decirle “qué bueno que ya estás con nosotros” marca la diferencia. La sensación de ser esperado da tranquilidad inmediata. –Porque nadie quiere llegar a un lugar donde siente que un obstáculo–
- Nómbralo por su nombre: Evita frases como “la nueva”, “el practicante” o “el reemplazo”. Llamarlo por su nombre desde el día uno genera cercanía y válida su presencia. -Y sí, parece básico, pero no siempre se hace-
- Explícale lo que nadie explica: Cómo se piden vacaciones, qué tono usar en los chats, a qué hora almuerzan los demás. Todo eso que no está en ningún documento y que solo se aprende “estando”. – Recuerda que adivinar agota y genera inseguridad-
- No esperes que lo haga perfecto en una semana (Ni en dos. Ni en tres): Recordarle que puede equivocarse, que está en proceso, que nadie espera resultados inmediatos, es una forma poderosa de reducir la ansiedad. -Aprender con miedo no se llama onboarding. Se llama sobrevivir-
- Reconoce sus avances, aunque sean pequeños: Un “buena pregunta”, “me gustó cómo lo planteaste” o “gracias por tu aporte” puede parecer mínimo… pero no lo es. Para quien recién llega, cualquier señal de validación vale el doble. -Porque sentir que uno aporta es la base para confiar-
No se trata de hacer algo grande. Se trata de hacerlo real
Una mirada, una escucha, una respuesta que llega, un “gracias” en el momento justo. Eso es lo que hace que alguien diga, sin que se lo pidas: “Con esta persona, puedo trabajar tranquilo.”
Porque cuando hay confianza: Se pregunta más. Se propone sin miedo. Se reconoce el error sin temor. Se busca al líder, no se le esquiva.
Dar confianza no es dar más beneficios, es simplemente brindar seguridad. Es hacer sentir que no hay que ganarse el lugar, porque ese lugar ya es suyo. Y eso, aunque parezca mínimo, cambia todo.
Así que la próxima vez que alguien se sume a tu equipo, piensa menos en presentaciones formales… y más en cómo hacerle sentir que llegó al lugar correcto.
(infocapitalhumano.pe)









